jueves, 29 de diciembre de 2011

Masters del Universo

Una vez más, reitero que entre algunas cosas buenas, los 80’s hicieron mucho daño. La fama y éxito mundiales de una serie de muñeco y dibujos animados afines hicieron pensar a algún lumbreras de Hollywood que sería buena idea hacer una película sobre los mismos con actores y acción real.  Así surge “Masters del Universo”, protagonizada por el incasable actor de infumables ochenteros Dolph Lundgren.


Con escaso criterio, o quizá presupuesto (por aquello de ahorrarse la escenografía), la acción de la película transcurre en la Tierra, donde He-Man (“Él-Hombre”, jejeje, que machote el que le puso el nombre) y sus amigos (tan solo dos de toda la colección de figuras que había) buscarán la llave cósmica (que es una especie de sinte analógico, agárrate) que abre la puerta a Eternía, su planeta de origen, para evitar que un irreconocible Frank Langella haciendo de Skeletor nos invada.
Con una máscara de papel maché y rotundos tonos shakespeareanos, tenemos a un Skeletor de lo más creible.


Abandonando el colorido y gran parte de la estética medieval de los dibujos animados, y mezclando grandes dosis de ciencia ficción con naves espaciales y disparos laser (tal vez  intentando seguir la estela dejada por StarWars), la similitud con la serie animada original es casual.  Bueno, admitimos que Lundgren de rubiales y con taparrabos es visualmente idéntico al He-Man de los muñecos, incluida su expresividad. Por lo demás, la historia del príncipe Adam que se transforma en He-Man al grito de “Por el poder de Greyskull” desaparece. El resto de personajes apenas se parecen a sus homólogos animados.  La película introduce monstruitos nuevos que no vienen a cuento, en concreto, Gwildor el inventor, y elimina otros monstruitos que si hubieran tenido sentido, como Orlock. Ni que decir tiene que BattleCat, la gigantesca montura felina de He-Man, ni aparece. Y ver a una jovencísima Courtney Cox mojándose las bragas con He-Man no ayuda mucho, la verdad.

Se te nota que mola, Courtney...
Tan triste es la historia de la producción de esta película que, indagando sobre ella, he descubierto que, por falta de presupuesto, se dejó de rodar antes de tener todo el material. Cuando intentaron hacer el montaje con lo que tenían, tuvieron que rodar escenas faltantes, pero como se habían desmontado los escenarios y el dinero no daba para más, la pelea final se acortó y afeó bastante. Para más cachondeo, Mattel organizó un concurso para seleccionar a un crio que aparecería en la película. Cuando se terminó el concurso, todas las escenas de la Tierra estaban ya rodadas, así que pusieron al crio una máscara en una aparición insulsa, para añadirle en los títulos de créditos como “Pigboy”. Casi prefiero no ganar el concurso, oye… Y es curioso, que con la película se publicó un cómic que completaba el guión y mostraba escenas que nunca se rodaron de lo más curiosas, como descubrir una bandera de America junto a un escudo de la NASA con la fecha 2221, dejando entrever que los habitantes de Eternia descienden de los humanos de la Tierra.

Este bicho aparece en la película... de verdad.
Siempre habrá quien piense que es una gran película, pues hasta Lundgren tiene seguidores, pero para el observador atento, la película es un mejunje de éxitos de la época, mal camuflados, como la ya mencionada StarWars, Superman, Terminator, o incluso Encuentros en la Tercera Fase. Un sonoro fracaso de crítica y  de taquilla, la prevista segunda parte se abandonó, y el material y guión previstos fueron destinados a Cyborg para lucimiento de Jean Claude Van Damme. Eso sí que es arreglar las cosas…

¿Esto es He-Man o Star Wars?
Lo malo es que, en pleno revival ochentero, con películas rescatando a los Transformes y los G.I. Joe, se están replanteando un reboot de He-Man. Que no aprendemos, oye…

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