Tras el éxito de “La Búsqueda”, ese intento de crear un moderno Indiana Jones empollón, y suponemos que ante las acuciantes presiones económicas, Nicolas Cage se embarcó en una segunda entrega. Si bien la primera parte era entretenida (aunque no pasaba de eso) si conseguías perdonarle algunos pecadillos y defectos (como presuponer que la historia de los templarios y masones se reduce a los doscientos años de historia norteamericana, ignorando más cinco siglos de existencia anterior), esta secuela hace aguas y tiene agujeros por todos lados.
Ya el arranque está bastante orientado a un público yankee, usando como punto de partida el asesinato de Lincoln y la implicación en la trama del tatarabuelo de nuestro protagonista. Con la aparición de las páginas perdidas de un diario, que ponen en duda la versión oficial de los acontecimientos, Nicolas Cage y sus amigos se ponen a investigar para esclarecer los hechos.
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| Nada como buscar tesoros para reunir a la familia y poner poses guays. |