Comenzaremos diciendo que Eragon es la primera parte de una trilogía literaria (reconvertida sobre la marcha en tetralogía, que hay que aprovechar el tirón y sacar pasta), escrita por un Christopher Paolini , un chico de 15 años que ha leído demasiado a Tolkien. Sin entrar en detalles, ya el libro me pareció soso, un refrito de ideas ya presentadas, que no aportaba nada nuevo al mundillo de la literatura fantástica, y aunque bien escrito, no era nada original. Pero como todo lo que tiene éxito, solo era cuestión de tiempo que a alguien se le ocurriera estrujar la gallina de los huevos de oro para realizar la película correspondiente. Si el libro ya era algo soso y flojo, al pasar por las manos de un guionista de Hollywood, nos encontramos con el siguiente Infumable.

La historia nos cuenta la vida de Eragon, un joven granjero, huérfano a cargo de su tío, que encuentra un huevo de dragón, escondido por la princesa Arya y que marcará su destino. Cuando los lacayos del malvado emperador asesinan a su tío. El viejo Brom, antaño un gran guerrero, tomará a su cargo al joven y su dragón para adiestrarlo y luchar contra el imperio.