Aviso: entrada polémica. “2001: Odisea del Espacio” divide
al público entre los que piensan que es una obra maestra y los que la
consideran un truño como un puño. Esta entrada está orientada a los segundos.
“2001: Odisea del Espacio” es uno de nuestros clásicos infumables.
En palabras del sobrevalorado (en mi opinión) Stanley
Kubrick, quería rodar la “proverbial buena película de ciencia ficción”,
palabras textuales. Si por buena película entendemos una historia sin apenas
diálogos, lenta, aburrida e incomprensible, admitimos la definición. Uno de los
problemas es que la historia intenta abarcar cuatro sucesos en épocas separadas
millones de años. Desde que al primer simio se le ocurrió coger un hueso y
usarlo como bate de béisbol con la cabeza de otro simio, a unos cuantos cientos
de miles de años en el pasado, hasta una expedición tripulada a Júpiter en el
futuro (en 1968, para Kubrick y Clarke 2001 era el futuro), pasando por el
descubrimiento de un objeto en la luna. ¿Cuál es la conexión? Un monolito
negro.

