Con escaso criterio, o quizá presupuesto (por aquello de ahorrarse la escenografía), la acción de la película transcurre en la Tierra, donde He-Man (“Él-Hombre”, jejeje, que machote el que le puso el nombre) y sus amigos (tan solo dos de toda la colección de figuras que había) buscarán la llave cósmica (que es una especie de sinte analógico, agárrate) que abre la puerta a Eternía, su planeta de origen, para evitar que un irreconocible Frank Langella haciendo de Skeletor nos invada.
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| Con una máscara de papel maché y rotundos tonos shakespeareanos, tenemos a un Skeletor de lo más creible. |

